Los cangrejos de río realizan cálculos sorprendentemente complejos sobre coste-beneficio, según un reciente estudio que abre la puerta a una nueva línea de investigación capaz de ayudar a desvelar a escala celular la actividad cerebral implicada en la toma de decisiones humana.Los autores de la investigación, psicólogos de la Universidad de Maryland, han llegado a la conclusión de que el cangrejo de río constituye un modelo práctico excelente para identificar la neuroquímica y la circuitería neuronal específicas de la toma de decisiones. Que se sepa, este estudio es el primero en el que se ha logrado aislar neuronas individuales de cangrejo de río implicadas en las decisiones basadas en valores. Actualmente, no hay forma directa de hacer esto con el cerebro humano.
Buscar la relación entre neuronas individuales y procesos de toma de decisiones en el cerebro humano es inviable por ahora, tal como señala el psicólogo Jens Herberholz, de la citada universidad.
La historia de la biología ha mostrado que los hallazgos realizados en los sistemas nerviosos de los invertebrados a menudo son aplicables a organismos más complejos. Es poco probable que haya coincidencias exactas, pero aún así las similitudes pueden incrementar de manera decisiva el conocimiento científico sobre el cerebro humano. La organización básica de las neuronas y la neuroquímica subyacente son similares, incluyendo por ejemplo la serotonina y la dopamina.
El trabajo de este laboratorio puede ser útil para combinarlo con los de diversos estudios sobre los cerebros de roedores y primates. Combinar los hallazgos realizados en diferentes modelos animales parece ser la única forma práctica de dilucidar las complejidades a escala celular de la toma de decisiones humana.
Los experimentos realizados en este estudio ponían a los cangrejos en situaciones en las que debían tomar decisiones importantes: elegir entre encontrar su próxima comida o convertirse en la comida de un posible depredador. Al decidir qué hacer, los cangrejos evaluaban cuidadosamente el riesgo de lanzar un ataque y lo comparaban con la recompensa esperada.
Usando un método no invasivo que permitía a los crustáceos moverse libremente, los investigadores mostraron a individuos jóvenes de cangrejo Procambarus clarkii indicios simultáneos de la presencia de una presa y un depredador: un olor a comida y la imagen aparente de un depredador.
En algunos casos, el "depredador" (en realidad una sombra) parecía moverse con rapidez, y en otras despacio.
Para huir deprisa, el cangrejo de río es capaz de ejecutar una súbita maniobra y nadar hacia atrás, una acción que es precedida por un impulso neural eléctrico fuerte y medible. Los tanques diseñados a propósito podían detectar y registrar de modo no invasivo estas señales eléctricas. Esto permitió a los investigadores identificar los patrones de activación de neuronas específicas durante el proceso de toma de decisiones.
Aunque esa maniobra es una estrategia de escape muy efectiva contra los depredadores naturales, los cangrejos eran conscientes de que realizarla les alejaría de la comida que deseaban atrapar.
Los cangrejos de río emprendían acciones decisivas en cuestión de milisegundos. Cuando se enfrentaban a sombras muy rápidas, los cangrejos tendían mucho más a quedarse inmóviles para tratar de pasar desapercibidos que a ejecutar la maniobra súbita de escape.
Los investigadores constataron la lógica perfecta del crustáceo: Hay poca motivación para huir cuando el depredador parece moverse demasiado rápido como para escapar de él, y además el cangrejo de río perdería su oportunidad de comer.
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